La Fe vivida en la cultura de hoy.

La Fe se vive en la cultura y plantear una separación entre estas dos es ya un error en su compresión, porque no hay oposición ni mera complementación: la una no se entiende, casi literalmente, sino por medio de la otra. Es en, desde y por, que tal cual como buscamos que otros nos entiendan al comunicarnos, utilizamos los medios a nuestro alcance para establecer esa relación. Así ocurre cuando la fe toma los medios que la cultura le ofrece para transmitir más que unas verdades, sino a la Verdad, que es el mismo Dios.

La fe se comunica En la cultura, ya que de la misma manera que el Señor utilizaba parábolas para enseñar, así también nosotros estamos llamados a llevar nuestra creencia en los medios que se nos ofrece a disposición: el arte en sus diversas expresiones, la amplia gama de los medios comunicación y por sobre todo en las corrientes de opinión sobre los diversos temas que interesan a la sociedad. Nada de lo humano le es ajeno a Dios, porque todo lo nuestro le interesa.

La fe se vive también Desde la cultura, porque el Señor al encarnarse en un determinado contexto social e histórico, asumió esa humanidad que le permitiría hablar a los hombres y mujeres de su tiempo en su lenguaje, de la misma forma la fe utilizando aquello que nos es propio, busca llevar al ser humano de lo transitorio  a lo transcendente: tiene esa misión de forjar puente entre el hombre y Dios, entre el cielo y la tierra. Pero esta no se entendería sino fuera desde la misma humanidad. La fe se espera que sea vivida y concretizada en los mismos contextos en los cuales nos toca desenvolvernos: la familia, el aula, los amigos y la sociedad, en todo lugar y tiempo en que nos movemos y existimos.

La fe se concretiza finalmente Por la cultura, porque es ella quien nos da una retroalimentación en el modo y en la forma, hay una constante reformulación no del mensaje, sino del modo como transmitirlo. Pablo hablo a los griegos desde el Areópago, en su idioma y con sus poetas: hay que volver a utilizar esos areópagos, reformular las palabras y estar atento a lo que el mundo piensa y siente. No para entrar en una dinámica de transacción sino de diálogo profundo y fructuoso, en donde no haya temor a hablar con quien sea y de lo que sea, ya que no es a nosotros a quienes llevamos sino al Dios mismo.

Así, no se puede vivir una fe que no se empape de la cultura existente, y que a su vez crea y modifique. Somos herederos de una tradición de dos mil años, que ha sabido ser fiel a esa misión: vayan y hagan discípulos a todas la gentes…enseñándoles a guardar todo lo que les he enseñado…y yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos. Por ello no es el momento, de simplemente vivir y creer cómodamente sino de asumir ese llamado y creer y vivir esa fe en el mundo.

Juan Manuel Sayago

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