¿Qué hacer?

Juan Manuel Sayago

Tradicionalmente se ha interpretado la parábola de los talentos como aquellos dones dados por Dios para que los hagamos fructificar y de los cuales nos pedirá cuenta al final de nuestros días.

Pero si lo llevaramos más allá, repararíamos que lo más preciado dado por Dios fue la existencia misma, y que es ella la que debe ser vivida de la mejor manera.

Sobre el cómo, ya la primera lectura nos da una pista: “Hacer el bien y nunca el mal” todos los días de la vida, ya que “somos hijos de la luz, hijos del día”. Así, nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. Y es el Salmo que vuelve a darnos otro modo también: “Comer del fruto del trabajo, solo así se será feliz y todo irá bien”.

Alguno podría pensar que esto es demasiado voluntarista, pero el accionar de Dios en la creación jamás se hace obligándonos sino invitándonos siempre.

A Él no le interesa fructificar los bienes dados en sí, sino que con ello fructifiquemos nosotros mismos. Por ello se asimila el Reino de los Cielos a ese Señor que sale de viaje y les confía a sus siervos sus bienes. Es un gesto de confianza, de fe en nosotros. Lo entrega todo para que lo hagamos todo. Al depositarles sus bienes les da pleno poder de decisión y de acción sobre ellos. La confianza entregada en ellos trae consigo una enorme exigencia y responsabilidad “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios” (1Pe 4,10).

Entendemos por talentos dones, cualidades, capacidades que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida. Son como semillas que debemos hacer germinar y fructificar con inteligencia, con un trabajo paciente y esforzado, en cooperación con la gracia divina y según el Plan que Dios nos vaya mostrando.

Por ende, nuestra alegría es su alegría: “Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”. Pero nuestra tristeza y fracaso también lo es de Él: “Servidor malo y perezoso…”

Alguno diría que estamos viviendo tiempos en que el desencanto, la desesperanza y la tentación de resignación vencen lo bueno, pero nuestra misión-vocación consiste en ello: el arriesgarnos a seguirlo de manera creativa, abriendo caminos al reinado de Dios y de su justicia. La vida y los dones de ella no pueden quedar inertes en nuestros corazones. Debemos hacer fructificar la gracia en nuestras vidas, debemos hacer crecer nuestros talentos. Ello nos urge el corazón.

Entonces ¿Qué debemos hacer con lo dado? Servir al mundo, no servirnos de él. El Señor vendrá el día menos pensado. Permanezcamos despiertos y seamos sobrios.

 

Domingo 19 de Noviembre de 2017


DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO


 

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.

El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación.

Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.

Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos.

Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso.

Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente.

Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada.

Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.


SALMO RESPONSORIAL 127, 1-5

R/. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén!


Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6

Hermanos:

En cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.

Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 14-30

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganadoEstá bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor.

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganadoEstá bien, servidor bueno y fiel; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!. Pero el señor le respondió: Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes.

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